
Parásitos
Resumen
Tanto Gi Taek como su familia están sin trabajo. Cuando su hijo mayor, Gi Woo, empieza a recibir clases particulares en casa de Park, las dos familias, que tienen mucho en común pese a pertenecer a dos mundos totalmente distintos, comienzan una interrelación de resultados impresivibles.
Reparto principal
송강호
Kim Ki-taek
이선균
Park Dong-ik
Cho Yeo-jeong
Yeon-kyo
Choi Woo-shik
Ki-woo
박소담
Ki-jung
이정은
Moon-gwang
장혜진
Chung-sook
박명훈
Geun-se
정지소
Da-hye
정현준
Da-song
박근록
Driver Yoon
정이서
Pizza Manager
Reseñas
Lo que amo de las historias coreanas es que son tan **impredecibles** que tu atención y tus emociones siempre están al full. Por algo creo que ganó los premio que ganó. Además creo que fue una gran aportación al mundo para darle apertura a _series y películas coreanas_. Creo que al estar del otro lado del charco, sólo sabemos o hemos visto (en lo personal) una manera distinta de vivir a comparación de la vida de la familia del barrio pobre. Es sorprendente cómo los sucesos van acomodándose, creo que la actriz principal es muy buena ya que su actuación (no soy experta pero...) me hace _creer y sentir estar en la historia_.
Es una pelicula bastante buena con un giro de trama un tanto inesperado, con un exelente elenco elegido meticulosamente.
(CASTELLANO) Recuerdo perfectamente la sensación al terminar Parásitos: la de haber visto algo distinto, incómodo y, a la vez, extrañamente divertido. No es solo que la película sea original —que lo es—, sino que tiene esa capacidad tan poco común de ir cambiando de piel sin que se noten las costuras. Empieza casi como un juego, te hace bajar la guardia… y cuando te das cuenta, ya estás metido en algo mucho más turbio. Una de las grandes virtudes del cine coreano, y aquí se nota especialmente, es esa libertad para mezclar tonos sin pedir perdón. Aquí conviven la comedia negra, la sátira social y una tensión creciente que se va colando poco a poco. Nada parece forzado. Todo fluye con una naturalidad engañosa, como si la película supiera exactamente cuándo hacerte reír y cuándo incomodarte. La puesta en escena es clave. El uso del espacio, los contrastes entre unos mundos y otros, y cómo se mueven los personajes dentro de ellos dicen tanto como los diálogos. Hay una precisión casi quirúrgica en cada decisión visual, pero nunca se siente fría ni calculada. Al contrario, todo está al servicio de una historia que va ganando peso emocional sin subrayados innecesarios. En el centro de todo está la mirada de Bong Joon-ho, que vuelve a demostrar que sabe entretener sin renunciar a decir cosas incómodas. Lo interesante es que la película no juzga abiertamente. Observa, deja que el espectador saque sus propias conclusiones y, cuando quiere, aprieta donde más duele. Esa mezcla de ironía, crueldad y lucidez es lo que la hace tan memorable. No es una película que se agote al terminar. Al contrario, sigue rondándote la cabeza después, haciendo que repienses escenas, gestos y decisiones. Tiene ritmo, tiene mala leche y tiene inteligencia. Y lo mejor es que nunca pierde el sentido del espectáculo. No me pareció perfecta, pero sí muy cerca de serlo. Una de esas películas que justifican por sí solas por qué el cine sigue siendo un lugar donde todavía pueden pasar cosas inesperadas. (ENGLISH) I clearly remember the feeling when Parasite ended: the sense of having seen something different, uncomfortable and, at the same time, strangely entertaining. It’s not just that the film is original — which it is — but that it has that rare ability to constantly change its skin without the seams showing. It starts almost like a game, makes you lower your guard… and before you realize it, you’re already deep into something much darker. One of the great strengths of Korean cinema, and something that’s especially evident here, is its freedom to mix tones without asking for permission. Black comedy, social satire and a growing sense of tension all coexist here, slowly creeping in. Nothing feels forced. Everything flows with a deceptive naturalness, as if the film knows exactly when to make you laugh and when to make you uncomfortable. The staging is key. The use of space, the contrasts between different worlds, and the way characters move within them say as much as the dialogue. There’s an almost surgical precision in every visual decision, but it never feels cold or calculated. On the contrary, everything serves a story that gains emotional weight without unnecessary emphasis. At the center of it all is Bong Joon-ho’s gaze, once again proving that he knows how to entertain without giving up on saying uncomfortable things. What’s interesting is that the film doesn’t openly judge. It observes, lets the viewer draw their own conclusions and, when it wants to, presses exactly where it hurts most. That mix of irony, cruelty and clarity is what makes it so memorable. It’s not a film that ends when the credits roll. It lingers, making you rethink scenes, gestures and decisions. It has rhythm, bite and intelligence. And best of all, it never loses its sense of spectacle. I didn’t find it perfect, but very close to it. One of those films that justify, on their own, why cinema is still a place where unexpected things can happen.